jueves, 18 de noviembre de 2010

Lo que sé de los escritorcillos


Pág. 100, una horaymé perdida en mercadeo engañabobos un miércoles por la tarde, no le voy a hacer ascos a un regalocumpleañero ni a Juanjo el Vigilias, me he dicho entre digestiones agresivas, ¡18 euros!

¡Juanjo!
¡Juanjo¡
(un hombrecillo malahostia me pega una patada a la altura del bañador)
Te he dejado en la página 100. Por vendido. Por vago.

Tu artículo del viernes será otra mierda.
Me molas cantidubi dubi da.
Soy fans.
Era.
Ahora te has vuelto porno. A tus años.

Lucha libre. Los hombrecillos de Millás

domingo, 14 de noviembre de 2010

Digestión tardía


Cocido. Peor que un tripi.

Un cocido de verduras y pringue hace las veces de esquizofrenia. Su digestión más bien. Los cardos, las habicholillas, las zanahorias las he apartado a los bordes de la vajilla de siempre. No habrá, por ende, combustión lisérgica entre los ácidos estomacales, más rurales, de tierra para aplacar las plaquetas que están de fiesta. De fondo suena Death Cab for Cutie. Leo blogs de letras blancas y fondo negro, todo mezclado, el corazón de tres cafés, el blanco y el negro, el reloj, mis ojos cansados por el contraste, mientras apuro la decisión de llamar o no a un amigo homosexual: no quiero que se enamore de mí, aunque es muy muy muy complicado. La Trilogía de Nueva York, producto de la cita, su devolución diez años después, decidirá. También decidirá la digestión pesada si lo echo a la calle. Me llama él. No me apetece nada trivializar. Y a este maricón le hace falta una mojada, de agua, llueve, a ver si espabila, tanto semen.
Transcurre un minuto insoportable.
No le ha gustado el libro. No lo ha leído. Los gays no tienen tiempo para leer. Le he sugerido sibilinamente recoger sus pasitos por la escalera. Soy un experto: -Me apetece estar solo -le he dicho-. ¿Lo coges? -haciendo el gesto del pulgar y el índice estirados, moviendo la muñeca. ¿Lo coges?- le he vuelto a repetir. 
Portazo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Conexiones de la desesperanza


Hay trascendencias en las que no creo, pero que forman parte de mi día a día. No creo aunque no deje de creer. Conexiones como calcamonías del pasado, reglas que alguna vez se consumaron como perfectas, que ocurrieron más de una vez, no sé si me explico: fallan. Fallan los motores del destino.

Estadística. Después de ajustar estas 
simetrías, follo seguro. 
Ejemplo 1: Tengo la certeza de que voy a besar a una chica guapa pero que ella no me va a besar a mí, le doy asco, ahí ando todo el día, esperando el saturday night, rumiando esa esperanza hasta que cataplón, hostia, ósculo con lengua y todo, ¿follamos? No queda muy claro, lo sé. No tengo ganas de explicarlo. Otro intento. A ver. A ver.

Ejemplo 2: Pongo Fanfarlo, cada vez que aplico la fuerza de gravedad al play follo, y si me depilo el pechamen al 100%. Pero no siempre.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Dispersión

Minarete. Vomitar desde aquí.

Habla el subconsciente universal en una conversación de a tres:
-Tantos idiomas, tantos libros, tantas páginas de los webs, tantas mujeres, tantos gilipollas. Me estoy mareando. ¿Ya no quedan unicornios?
Vómito. (El subconsciente universal vomita como los aspersores del Camp Nou.)
Contestan las cervicales del diarista evadidas de la conversación trascendental:
-Necesito un masaje hentai con unas tetas a la altura de la rabadilla.
Y el diarista:
-Estoy de acuerdo.
Me uno a la conversación con un verso de Oliverio Girondo.
Yo:
-Soy un cóctel de personalidades que no consigo subyugar.

La dispersión se va conglomerando con estos azotes estéticos un tanto eclécticos. Es tal la conglomeración que el subconsciente de todos los pensamientos del mundo se reúne en un micropunto negro. Un pizco igualmente espolvoreado.

Reverberancia potenciada por un micrófono de ambiente y un auto-tune.
Habla el pizco para un público gigante y gigantemente ausente:
-Oyes, la informática 2.0, los papeles encuadernados, los caballos disfrazados, los recortaitos de mente, las hembras de aúpa ¿son del mismo padre y la misma madre?
Contesta una sustancia inane parecida a la santísima trinidad:
-No, del mismo dueño, aquel que se adueña de los úteros.
(el auto-tune evita un gallo laringeo)
Debido a la retórica prevalente en una sustancia inane que es tres a la misma vez se contesta a sí misma:
-¿Del cabildo catedralicio?
Contesto yo, técnico de sonido, porque me sale de los cojones:
-Con la iglesia hemos topado.