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| Minarete. Vomitar desde aquí. |
Habla el subconsciente universal en una conversación de a
tres:
-Tantos idiomas, tantos libros, tantas páginas de los webs, tantas mujeres, tantos gilipollas. Me estoy mareando. ¿Ya no quedan unicornios?
-Tantos idiomas, tantos libros, tantas páginas de los webs, tantas mujeres, tantos gilipollas. Me estoy mareando. ¿Ya no quedan unicornios?
Vómito. (El
subconsciente universal vomita como los aspersores del Camp Nou.)
Contestan las cervicales del diarista evadidas de la
conversación trascendental:
-Necesito un masaje hentai
con unas tetas a la altura de la rabadilla.
Y el diarista:
-Estoy de acuerdo.
Me uno a la
conversación con un verso de Oliverio Girondo.
Yo:
-Soy un cóctel de personalidades que no consigo subyugar.
La dispersión se va conglomerando con estos azotes estéticos
un tanto eclécticos. Es tal la conglomeración que el subconsciente de todos los
pensamientos del mundo se reúne en un micropunto negro. Un pizco igualmente
espolvoreado.
Reverberancia
potenciada por un micrófono de ambiente y un auto-tune.
Habla el pizco para un público gigante y gigantemente
ausente:
-Oyes, la informática 2.0, los papeles encuadernados, los
caballos disfrazados, los recortaitos de mente, las hembras de aúpa ¿son del
mismo padre y la misma madre?
Contesta una sustancia inane parecida a la santísima
trinidad:
-No, del mismo dueño, aquel que se adueña de los úteros.
(el auto-tune evita un gallo laringeo)
Debido a la retórica prevalente en una sustancia inane que
es tres a la misma vez se contesta a sí misma:
-¿Del cabildo catedralicio?
Contesto yo, técnico de sonido, porque me sale de los
cojones:
-Con la iglesia hemos topado.

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