jueves, 11 de noviembre de 2010

Dispersión

Minarete. Vomitar desde aquí.

Habla el subconsciente universal en una conversación de a tres:
-Tantos idiomas, tantos libros, tantas páginas de los webs, tantas mujeres, tantos gilipollas. Me estoy mareando. ¿Ya no quedan unicornios?
Vómito. (El subconsciente universal vomita como los aspersores del Camp Nou.)
Contestan las cervicales del diarista evadidas de la conversación trascendental:
-Necesito un masaje hentai con unas tetas a la altura de la rabadilla.
Y el diarista:
-Estoy de acuerdo.
Me uno a la conversación con un verso de Oliverio Girondo.
Yo:
-Soy un cóctel de personalidades que no consigo subyugar.

La dispersión se va conglomerando con estos azotes estéticos un tanto eclécticos. Es tal la conglomeración que el subconsciente de todos los pensamientos del mundo se reúne en un micropunto negro. Un pizco igualmente espolvoreado.

Reverberancia potenciada por un micrófono de ambiente y un auto-tune.
Habla el pizco para un público gigante y gigantemente ausente:
-Oyes, la informática 2.0, los papeles encuadernados, los caballos disfrazados, los recortaitos de mente, las hembras de aúpa ¿son del mismo padre y la misma madre?
Contesta una sustancia inane parecida a la santísima trinidad:
-No, del mismo dueño, aquel que se adueña de los úteros.
(el auto-tune evita un gallo laringeo)
Debido a la retórica prevalente en una sustancia inane que es tres a la misma vez se contesta a sí misma:
-¿Del cabildo catedralicio?
Contesto yo, técnico de sonido, porque me sale de los cojones:
-Con la iglesia hemos topado.

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